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Cada Encuentro, una historia

¿Utopía, sueño o realidad?

¿Utopía, sueño o realidad?

¿Quién no quiere un mundo mejor? Claro que todos lo queremos, yo el primero. Eso no es problema, así como tampoco lo es el querer cinco minutos más al sonar el despertador, o una última chela con los cuates antes de partir, una última canción en el Karaoke o, por último, un aumento considerable de sueldo. Eso es fácil, todos lo queremos.

¿Quién no quiere un mundo mejor? Claro que todos lo queremos, yo el primero. Eso no es problema, así como tampoco lo es el querer cinco minutos más al sonar el despertador, o una última chela con los cuates antes de partir, una última canción en el Karaoke o, por último, un aumento considerable de sueldo. Eso es fácil, todos lo queremos.

Pero, así como para cada una de las cosas enlistadas, no basta quererlo para que se alcance. Muchos de nuestros anhelos son simples utopías, y no me refiero solo a las que implican poderes de superhéroes como volar o echar telarañas sino a muchas ilusiones cotidianas en las que perdemos el tiempo stalkeando por la red.
¿Qué hace que algunos de esos sueños se tornen realidad?

Me siento incapaz de responder, pero no así de dar tres sencillos puntos que, al menos a mí me detonan día a día en esa gran ilusión!!!

Primero: hacerle perder su realidad de utopía. Lo primero que frena tus ilusiones de alcanzar un sueño es pensar que es imposible. Lo primero que abre la puerta a una posible realización es justamente que adquiera su carácter de posible. ¿es posible un mundo mejor? Sin duda. La respuesta creo que se afirma en los otros dos puntos.

Segundo: Es el más grande de los sueños. El mundo mejor no es solo algo realizable. El mejor mundo es el mejor de los sueños porque en él se ponen en juego los destinos de todos y el propio. La capacidad de poner la creatividad al servicio de los demás es un estímulo constante que no podemos dejar pasar. Cualquier realidad frente a esa se termina perdiendo, no como en un comunismo o socialismo en el que el etéreo todo adquiere más relevancia que cada individuo, sino como la riqueza de un pueblo que se complemente con las riquezas que cada uno de sus miembros es capaz de ofrecer.

Tercero: Es una realidad. Pequeño problema del mundo mejor: reclama existir. Y el que lo va a hacer realidad no es ni un partido político –por mucho que muchos quisieran que ellos se encargaran de él-, ni los grandes astros del Real Madrid o de las Chivas –que han empatado el clásico-. No, el mundo mejor lo vas a hacer tu, lo hago yo. Pero sabemos que se ha podido y que se sigue realizando cuando ponemos en él nuestra ilusión.

Yo regresé hace unas horas de un Encuentro más en el que dieciséis grandes jóvenes –Manuel, Luis, Edith, Chako, Belén, Mariana, José Manuel, Ismael, Fernanda, Jean Paul, Sofi, Adriana, Adrian, Julio, Roberto y Julio-, junto con el gran pueblo Chamoyero –gentilicio “local” de los habitantes de San José del Cabo- me mostraron que ese mundo mejor no solo es posible y una ilusión, sino una realidad en la vida de muchos. ¿Cómo dejarse ganar por la desidia del periódico o telediario de cada día cuando brillan con ilusión las vidas de tantos que no dejan de entregarse por un mundo mejor? Ni hablar… Solo toca seguir difundiendo el ejemplo de tantos y lograr que cada vez sean más los que decidan fregarse un poco a sí mismos para darle vida a los demás y descubrir que –como diría el bueno de Jean Paul- “¡lo mejor de la vida es conocer a gente espectacular y rifártela por el otro!”. ¡¡¡Gracias PLEBES!!!